¡Repartamos el trabajo y la riqueza!

En los últimos meses hemos asistido a un espectáculo dantesco: la privatización nos ha mostrado las vergüenzas de un sistema que prima el beneficio de las empresas sobre las personas. ¿Resultado? Millares de muertes, como no, concentradas en barrios obreros, personal sanitario, de cuidados, de limpieza, de transporte, de servicios y población geriátrica. Precisamente, la población más indefensa y endémicamente inmersa en la precariedad y la exclusión.

Vivimos tiempos inciertos; un pequeño virus ha venido a evidenciar lo que ya sabíamos: somos carnaza para el capitalismo salvaje. Una vez más, seremos sacrificad@s en la defensa de los privilegios de unos pocos y de sus beneficios de mercado.

Sus recetas para la cura vuelven a ser las de siempre: Millones de despidos, retroceso alarmante en libertades y derechos, más precariedad, ayudas a la banca y las empresas mientras la clase trabajadora muere en sus tajos o en la soledad y el abandono de un hospital de campaña. Por no hablar de quienes mueren en sus casas esperando una ayuda que nunca llega a los barrios del arrabal urbano.

El Estado y Capital han ido recortando derechos laborales que habíamos conseguido con anterioridad, y nos tememos que con la excusa de la epidemia que estamos viviendo, políticos y empresarios quieran apretarnos aún más, si cabe, la soga que ellos nos ponen en el cuello, con el fin de poder seguir exprimiendo y explotándonos cada día más.

¡No lo permitiremos! Es hora de reclamar lo que es nuestro.

No pagaremos esta crisis porque se hace en vidas humanas y ya hemos pagado demasiadas.

Si sus beneficios son privados ¿por qué siempre nos toca socializar sus pérdidas?

El nivel de desempleo existente, y el que seguramente se avecina sino lo remediamos, nos debe obligar a plantearnos que salida queremos: incrementar todavía más los niveles de explotación, despilfarro y contaminación en esta absurda carrera por el crecimiento infinito en un planeta de recursos limitados; o por el contrario, un reparto justo y racional de la riqueza.

Para acabar con el paro no puede mantenerse una jornada laboral de 40 horas de hace más de un siglo. La productividad, tecnología y automatización de hoy en día nada tiene que ver con la de entonces. Y se traduce en un continuo ahorro de las empresas en mano de obra. Todos esos beneficios se los quedan los capitalistas. Es hora ya de que una parte de las ventajas de los avances tecnológicos en las empresas vayan a la clase trabajadora que todo lo produce.

Por ello, para terminar con el nivel de paro, es vital la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial (reparto del trabajo y de la riqueza), la abolición de la horas extra y la jubilación a los 55 años, para que pueda trabajar la gran cantidad de jóvenes en desempleo.

Y al igual que la conquista de la jornada de 40 horas hace más de un siglo, mediante la huelga de la Canadiense, no nos van a conceder nada sin lucha. Por lo que se hace necesaria una huelga general indefinida.

Si sus lujos son nuestra miseria nos negamos a producirlos.

Nuestros gobernantes se han dedicado a expoliar la sanidad pública, dejándola en un estado deplorable, privatizando y despojándola de todos los recursos.

Sus políticas anti-obreras nos han dejado en la más absoluta pobreza. Ya lo estamos viendo: las diferencias entre explotados y explotadores se hacen ahora más palpables para el pueblo; miles de personas hoy no tendrán con que llenar la nevera.

Los dirigentes conocen en que va a derivar esta situación, por ello sacan a pasear a sus fuerzas represoras, que como bestias aprovechan cualquier situación para multar, intimidar, detener y golpear a la clase trabajadora.

Vivimos un momento histórico, o apuntalamos nuestros derechos y obtenemos nuevas conquistas que beneficien a nuestra clase, o nos sumimos en el terror patronal y estatal.

● REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL A 25 HORAS.
● ABOLICIÓN DE LA HORAS EXTRA.
● JUBILACIÓN A LOS 55 AÑOS.
REPARTO DEL TRABAJO Y DE LA RIQUEZA.
¡HUELGA GENERAL E INDEFINIDA!
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